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411
No es la ciudad inmunda quien empuja las velas. Tampoco el corazón, primitiva cabaña del deseo, se aventura por islas encendidas en donde el mar oculta sus ruinas, algas de Baudelaire, espumas y silencios. Es la necesidad, la solitaria necesidad de un hombre, quien nos lleva a cubierta, quien nos hace temblar,...
45
13
Ni mueve más ligera, ni más igual divide por derecha el aire, y fiel carrera, o la traciana flecha o la bola tudesca un fuego hecha.
19
5
Como flor que adorna más, estás; la cual se anida con calma al alma, y así te llevo en mi vida prendida. ¡Oh bella mujer querida, eres la más linda flor, que con tu aroma y color estás al alma prendida!
24
11
Miré al sentarme a la mesa, bañado en la luz del día el retrato de María, la cubana japonesa.
27
4
Amigo, llévate lo que tú quieras, penetra tu mirada en los rincones y si así lo deseas, yo te doy mi alma entera con sus blancas avenidas y sus canciones.
35
4
HÚMEDA de rocío despierta la campana En los azules cristalinos de la mañana, Y por las viejas sendas van a las sementeras Los tardos labradores, camino de las eras, En tanto que su vuelo alza la cotovía A la luna, espectral en el alba del día.
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6
Daqueyos quereles no quió yo acordarme porque me yora mi corasonsiyo gotitas e sangre.
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4
No sabes cómo se llora Con ese llanto que quema, Con la noche y con la aurora, Con ese sol que colora En la frente un anatema.
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5
Quédate en mí, soy pobre y soy poeta, huyó en mi blanco pegaso la fortuna, y quiero oír tu alegre pandereta cuando florezca la nieve de la luna...
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4
Cuando tu madre se sintiera desto, Puedes decille que, como a muchacho Loco, atrevido, vano, antojadizo, No te queremos.
17
4
¿Dices que mi figura no emociona? ¿Dices que mi boca es un buzón? Tu indiferencia cruel me decepciona, Eres un ser vacío y sin corazón.
35
4
El venturoso Expósito en tanto En vivas ansias del amor ardiendo, Cada tarde al sepulcro de Zahira Acude en busca de su amado dueño ; Encuentra siempre el fúnebre recinto Solo : sin fruto espera largo tiempo, Y en vano corre las vecinas selvas, Pues lo halla todo á su anhelar desierto. Penetrar osa al cabo la muralla D...
29
64
En tu abanico, niña, Quiero pintarte, Por ver si tu retrato Leda algun aire; Pues no hay pintor . Que dibuje con aire, Gracia y primor,
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7
Mi saber no es para solo, dadme plazo fasta el martes, pues iremos donde ay las artes que fablan, señor, del Polo. Mas de tal saber ayuno digo, sin acuerdo alguno, que debemos todos ir a vuestro mando complir, señor, que non quede uno.
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9
Serenidad de piedra ante el abismo, mármol en vilo de sollozo y luna, columna de equilibrio en la ruina, ala entreabierta.
17
4
Vengan Santos milagrosos, vengan todos en mi ayuda, que la lengua se me añuda y se me turba la vista; pido a mi Dios que me asista en esta ocasión tan ruda.
39
6
¡Rey don Sancho, rey don Sancho, no digas que no te aviso, que de dentro de Zamora un alevoso ha salido, llámase Vellido Dolfos, hijo de Dolfos Vellido; cuatro traiciones ha hecho y con esta serán cinco! Si gran traidor fué el padre, mayor traidor es el hijo. Gritos dan en el real: ¡ A don Sancho han mal herido! Muerto...
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21
El tercero gozo gusta Quien mostró bien parecer quiere bien, que su gusto no disgusta, Pues en cuanto debe hacer hace bien.
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6
En la boca un raro gusto de hiel, de menta y de albahaca. ¡Compadre! ¿Dónde está, dime? ¿Dónde está tu niña amarga?
0
4
K e r i m a en vano el nombre de Mudarra Negó á su labio con prudente esfuerzo., A l contar los festejos de la boda, A l referir los lances del torneo ; Pues las locuaces siervas que la asisten, Y la vieja nodriza, repitiendo Las voces que por Córdoba volaban. Despedazaron su oprimido pecho. Esta le ponderaba el entusi...
29
133
»Del importe logrado de tanto pollo mercaré un cochino; con bellota, salvado, berza, castaña engordará sin tino, tanto, que puede ser que yo consiga ver cómo se le arrastra la barriga.
38
6
¿Qué es de Córdoba en el día, Donde las ciencias hallaban Noble asiento, Do las artes á porfía Por su gloria se afanaban Y ornamento?
16
6
Y cuando llegue el día del último viaje, y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, me encontraréis a bordo ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar.
35
4
Las cartas y mensajeros del rey a Bernardo van, que vaya luego a las cortes para con él negociar. No quiso ir allá Bernardo, que mal recelado se ha. Las cartas echó en el fuego, los suyos mandó juntar; desque los tuvo juntados, comenzóles de hablar: Cuatrocientos sois los míos, los que coméis el mi pan; nunca fuisteis ...
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100
Quita del arco la mortal saeta, deja mi pecho que con fuerza heriste, cuando la triste, la divina ninfa me dominaba.
17
4
Aladas sombras en la gracia intacta del ocaso poblaron los senderos, y contempló la luna, estupefacta, el paso de los blancos mensajeros.
35
4
RAMÓN se llama, auxilio necesario con que Delio se esfuerza y ve rendidas las obstinadas fuerzas del contrario.
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3
La torre de marfil tentó mi anhelo; quise encerrarme dentro de mí mismo, y tuve hambre de espacio y sed de cielo desde las sombras de mi propio abismo.
35
4
Pues, ¡sus!, encójase y entre que es algo estrecho el camino. No eches agua, Inés, al vino, no se escandalice el vientre. Echa de lo trasañejo, porque con más gusto comas, Dios te guarde, que así tomas, como sabia mi consejo.
4
8
Viendo la santa divina victoria del furibundo convento siniestro: ¡Oh mías que bendito, divino Maestro! dice mi lengua vulgar y notoria, esta hazaña de tanta memoria ya por un alta manera combida ser el espada muy esclarecida y digna de tan serenísima gloria cuanto la hace tu mano temida.
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9
Mañanita de San Juan por el prado de la aldea a celebrarla se salen pastores y zagalejas. Bailándolas ellos vienen con mil mudanzas y vueltas, y cantando mil tonadas del dulce amor vienen ellas. Unos el suyo encarecen en bien sentidas ternezas, y otros con agudas chanzas bulliciosos las alegran. Los que son más en...
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141
Yo sé cuál el objeto de tus suspiros es; yo conozco la causa de tu dulce secreta languidez.
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4
En sus brazos tomó mi ensueño y lo arrulló como a un bebé... Y te mató, triste y pequeño, falto de luz, falto de fe...
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4
Ca no es hombre del mundo que entre, ni sea osado, en este centro profundo y de gentes separado, si no el infortunado Céfalo, el que refujo, y al qual Diana trujo en el su monte sagrado.
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8
Carga después sobre la diestra mano la ya rugosa y abrumada frente, y un pensamiento fúnebre, tirano, fija y domina, al parecer, su mente. Borrarlo intenta en su ansiedad en vano; vuelve a leer, y en tanto, que obediente se somete su vista a su porfía lánzase a otra región su fantasía.
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8
Antes que tú me moriré escondido; en las entrañas ya el hierro llevo con que abrió tu mano la ancha herida mortal.
11
4
«No tengamos tiempo ya en esta vida mezquina por tal modo, que mi voluntad está conforme con la divina para todo; y consiento en mi morir con voluntad placentera, clara y pura, que querer hombre vivir cuando Dios quiere que muera, es locura.
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12
En el hospitá, a mano erecha, ayí tenía la mare e mi arma la camita jecha.
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4
En el abrazo, tú hilo, yo aguja: cosemos luz...
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3
Sus sangrientos designios en Puerto Real concierta: se concibió allí en sombras, y se abortó el hipócrita sistema.
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4
Por la leche que mamé, me da vergüenza er mirarte, y a ti te dará también.
41
3
Dicen que enfermo estaba el león, con dolor: los animales fueron a ver a su señor. animose con ellos y sintiose mejor, alegráronse todos demostrándole amor.
8
4
Y él dijo: "Que te dejar no tengo, si este cayado y este mi rabel preciado, con que tañer y cantar me vías por este prado. Al son de él, pastora mía, te cantaba mis canciones, contando tus perfecciones y lo que de amor sentía en dulces lamentaciones."
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10
Va mi pregunta sencilla, Si estaba pensando en, El verso y su maravilla, Pero, ¿existe la quintilla, De diez sílabas también?
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5
Sus muslos son begonias tibias; en su regazo hay una indecisión de ensueños y de cosas…; cuando adornan el cuerpo con su doliente abrazo parece que en el alma se deshojan las rosas…
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4
No es raro en una almohada ver dos frentes que maduran dos planes diferentes.
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2
Poco mas de mil pasos de la Albaida, Acia poniente, entre árboles espesos, Una rambla de arena se conserva. Madre de claro arroyo en otro tiempo. Ün solitario risco la corona, De pardo musgo entapizado á trechos, En torno hay hondas quiebras y barrancos, Desnudas peñas y frondosos fresnos. Allí la fuente del Amir estab...
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por Isabel que cree, por Cristóbal que sueña y Velázquez que pinta y Cortés que domeña;
7
2
Preciosa, llena de miedo, entra en la casa que tiene, más arriba de los pinos, el cónsul de los ingleses. Asustados por los gritos tres carabineros vienen, sus negras capas ceñidas y los gorros en las sienes. El inglés da a la gitana un vaso de tibia leche, y una copa de ginebra que Preciosa no se bebe. Y mientras c...
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y moros de Argel, piratas, entre calas y recodos, donde después salen todos, tienen ocultas fragatas;
27
4
Ven, noche amiga; ven, y con tu manto mi amor encubre y la esperanza mía; ven, y mi planta entre tus sombras guía a ver de Clori el peregrino encanto;
10
4
Quiero contarte en la tierna mañana con mi rocío
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3
Y tu caballo blanco, que miró el visionario, pase. Y suene el divino clarín extraordinario. Mi corazón será brasa de tu incensario.
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3
En estos tres la gala y el aviso cifró cuanto de gusto en sí contienen, como su ingenio y obras dan aviso.
43
3
Tú me tiés á mi como San Lorenzo; achicharrao por un lao y otro y siempre contento.
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Rindiendo sus dos luceros hermosos, negros y graves, con dulce imperio las vidas, por feudo las libertades.
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4
¿Qué es lo que me tiene loca? tu boca. Tu ardiente piel de canela, anhela con prontitud y en porfía, la mía Con tu sagaz picardía quiero que abrases mi piel, sé que, de gotas de miel tu boca anhela la mía.
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10
¡Theos, Sabaoth! me levanto diciendo, y el ínclito nombre de Dios, ¡Elión!, el cual invocado, la triste visión bate sus alas con furia gimiendo. Mi sacro Maestro me dice riendo: Y cómo no miras las bestia que gime, y cómo su cola no menos esgrime por levantarse, lo tal no sufriendo como tu lengua de nombres exprime!
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9
Si ellas salen a las nueve con un manteo bordado de entre el cambray delicado, como unos copos de nieve;
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4
Retraída está la infanta, bien así como solía, viviendo muy descontenta de la vida que tenía, viendo que ya se pasaba toda la flor de su vida, y que el rey no la casaba, ni tal cuidado tenía. Entre sí estaba pensando a quién se descubriría; acordó llamar al rey como otras veces solía, por decirle su secreto y la intenc...
28
411
Dejemos a los troyanos, que sus males no los vimos, ni sus glorias; dejemos a los romanos, aunque oímos y leímos sus historias; no curemos de saber lo de aquel siglo pasado, qué fue de ello; vengamos a lo de ayer, que también es olvidado como aquello.
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12
Y si algún vapor separa de vos la cuestión que toco avisad vos más un poco, en esta arte fonda cara que mi seso aquí compara invenciones intricadas metáforas tan delgadas a otras gruesas tan infladas por figuras trasformadas que Dios le muestra y depara.
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Hay noches y días y madrugadas también de desamparo en que se cierran todos los balcones que daban a la calle —con cancelas de sombra con aldabas de hierro— y nadie escucha latir el corazón de una ciudad enferma que agoniza y nadie siente la herida del deseo y nadie nadie nadie transita por la huella de los b...
45
11
En la rústica greña yace oculto el áspid, del intonso prado ameno, antes que del peinado jardín culto en el lascivo, regalado seno; en lo viril desata de su vulto lo más dulce el Amor, de su veneno; bébelo Galatea, y da otro paso por apurarle la ponzoña al vaso.
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8
Teñido el cielo de amaranto y grana, la brisa de la tarde entre las flores suspirará también a los rigores de tu amor triste y tu esperanza vana.
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4
A veces me digo con honda tristeza: ¿Vendrá a mí aún el hada bendita que huyó?... Mi frente surcada, mi cana cabeza y el fuego de mi alma que a helarse ya empieza, responden con mudas palabras: ¡No! ¡No!
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5
Allí se fablaba del monte Parnaso y de la famosa fuente de Gorgón, y del alto vuelo que fizo Pegaso, contando por orden toda su razón; y todo el engaño que fizo Simón allí se decía, como por ejemplo, y de las serpientes vinientes al templo, y cómo se vino el grande Ilión.
2
8
El marido de la bella que nos vende por fïel, vistiéndose aquello, él, que gana desnuda ella, paciente sus labios sella, buscándole ella por eso entre dos plumas de hueso una de oro en rica trenza
21
8
Sépase, pues ya no puedo levantarme ni caer, que al menos puedo tener perdido a Fortuna el miedo.
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4
El líquido cristal que hoy de esta fuente admiras, caminante, el mismo es de Helicona; si pudieres, perdona al paso un solo instante: beberás (cultamente) ondas que del Parnaso a su Vega tradujo Garcilaso.
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8
Que si los mudos oyesen, por hablar reventarían, y tan bien, si ciegos fuesen, las cosas que nunca viesen ya no las desearían; así que no sentirían de los deseos cuidado porque, cierto, no sabrían desear, ni penarían como yo peno, cuitado.
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11
Reina el silencia: fúlgidas en tanto, luces de amor, purísimas estrellas, de la noche feliz lámparas bellas, Bordais con oro su enlutado manto.
10
4
todo ansia, todo ardor, sensación pura y vigor natural; y sin falsía, y sin comedia y sin literatura...: si hay un alma sincera, esa es la mía.
35
4
Allí se tocaba del gentil Narciso, allí de Medusa, allí de Perseo, allí maltrataban la fija de Niso, allí memoraban la lucha de Anteo, allí de la muerte del niño Androgeo, allí de Pasife el testo y la glosa, allí recitaban la saña rabiosa y la conmovida ira de Penteo.
2
8
De Dios vos fue otorgada La muy linda castidad, La cual siempre fue hallada En vos con gran honestad: Hijadalgo bien criada, Hermosa sin fealdad, Vuestro soy siempre y seré.
34
7
Tómanla por momentos parasismos; no acierta a pronunciar, y si pronuncia, absurdos hace y forma solecismos.
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3
Aquesta es la condición de las mujeres comuna, pero virtud las repuna, que les consienta razón. Así la parte mayor muchas disponen seguir, e tanto han mejor loor, cuando el defecto mayor ellas merecen venir.
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Grande rumor en esto, repentino, Súbita confusión y roncas voces Resonaron en torno, á Ñuño y Lara De sobresalto, dudas y temores Llenando á un tiempo. El ciego los oidos Atento aplica : el otro se dispone Las causas á inquirir, y gira y torna Los ojos en rededor, y entrambos oyen Moros.....morosl g r i t a r , y que s...
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Cuando vi que la dama estaba tan cambiada, “querer si no me quieren —dije— es buena bobada, contestar si no llaman es simpleza probada; apártome también, si ella está retirada.”
8
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Las quales de que me vieron e sintieron mis pisadas, una a otra se bolvieron bien como maravilladas. "¡O ánimas afanadas, (yo les dixe), que en España nasgistes, si no me engaña la fabla, o fuystes criadas!
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8
—¡Por fin nuestro amor concluye! —dijo Zela— . Ya lo sabe mi padre; y antes que acabe contigo, Alí, presto le huye. —¿Yo huir? —el negro arguye —¿Yo estar, mi Zela, sin verte? Ya que lo quiere la suerte y mi estrella me amilana, veré a tu padre mañana y ante él me daré la muerte.
14
10
Cuando le diga yo que sí, dirá que no, contrario a mí.
7
2
Fatigada del baile, encendido el color, breve el aliento, apoyada en mi brazo, del salón se detuvo en un extremo.
11
4
¡Sacra ceniza! repetí mil veces, ¡Sombra de Filis! si mi pecho adora otra pastora, desde tan horrenda lóbrega noche,
17
4
Y todos cantos vagan, de ti me van mil gracias refiriendo. Y todos más me llagan, y déjame muriendo un no sé qué que quedan balbuciendo.
19
5
de angelicales ceras y labores. Volverás al arrullo de las rejas de los enamorados labradores.
43
3
En los alambres golondrina posada: la del paisaje.
18
3
¿Y Sevilla? ¿Y la ribera Que el Betis fecundo baña Tan florida? Cada ciudad de éstas era Columna en que estaba España Sostenida.
16
6
¿Me das, pues, tu asentimiento? Consiento. ¿Complácesme de ese modo? En todo. Pues te velaré hasta el día. Sí, Mejía Páguete el cielo, Ana mía satisfacción tan entera. Porque me juzgues sincera, consiento en todo, Mejía.
24
10
Al hombre los trabajos Lo hacen humilde; Más las prosperidades Siempre le engríen: Pues la riqueza Rara vez se separa De la soberbia.
31
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Ya no canta el ruiseñor cantor. Sobre la faz de la tierra tu guerra: se abre el infinito cielo en duelo. Tiene nombre el desconsuelo que me invade cada noche: pesadillas. El reproche del cantor, tu guerra en duelo.
24
10
Cuatro Reales Coronas, en tan maligna idea, con traición seducidas entran, sin advertirlo su inocencia.
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4
la morada que viste luto su puerta abra al púrpureo y ardiente vibrar de tu palabra:
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A mí no convienen aquellos favores de los vanos dioses, ni los invocar, que vos, los poetas y los oradores llamados al tiempo de vuestro exhortar; que la justa causa me presta logar, y maternal rabia me vuelve elocuente, porque a ti, preclaro y varón esciente, explique aquel hecho que puedas contar.
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Entonces... cuando el lucero brillaba en el cielo santo y los gallos con su canto la madrugada anunciaban, a la cocina rumbiaba el gaucho... que era un encanto.
39
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Doncella, set vos la lanza De Aquiles, que si me hería, Prestamente convertía La dolor en bienandanza. Mi bien y mi contemplanza, Si hirió con vuestra presencia, No tarde vuestra clemencia Con saludable esperanza.
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Al tocar esparcía Aromas del rosal De la Virgen María.
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Entre las montañas que alumbra la luna traza un aquelarre su ronda nocturna, y repercutiendo en las peñas abruptas resuena en el aire el son de una música. Al genio evocadas de humana locura saltan de las fosas y dejan la tumba Mitrídates, Safo, Cleopatra la impura, Elena arrastrando la espléndida túnica, la vil Mesali...
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Esa hermosa compañera de Titón se demostraba, y sus fustas las bogaba en contra nuestra rivera; y la más confina esfera a los mortales sentía la matinal alegría, maguer fuese postrimera.
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Corazon gastado, mofa De la mujer que corteja, Y, hoy despreciándola, deja La que ayer se le rindió. Ni el porvenir temió nunca. Ni recuerda en lo pasado La mujer que ha abandonado, Ni el dinero que perdió.
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