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No es la ciudad inmunda
quien empuja las velas. Tampoco el corazón,
primitiva cabaña del deseo,
se aventura por islas encendidas
en donde el mar oculta sus ruinas,
algas de Baudelaire, espumas y silencios.
Es la necesidad, la solitaria
necesidad de un hombre,
quien nos lleva a cubierta,
quien nos hace temblar,... | 45 | 13 |
Ni mueve más ligera,
ni más igual divide por derecha
el aire, y fiel carrera,
o la traciana flecha
o la bola tudesca un fuego hecha. | 19 | 5 |
Como flor que adorna más,
estás;
la cual se anida con calma
al alma,
y así te llevo en mi vida
prendida.
¡Oh bella mujer querida,
eres la más linda flor,
que con tu aroma y color
estás al alma prendida! | 24 | 11 |
Miré al sentarme a la mesa,
bañado en la luz del día
el retrato de María,
la cubana japonesa. | 27 | 4 |
Amigo, llévate lo que tú quieras,
penetra tu mirada en los rincones
y si así lo deseas, yo te doy mi alma entera
con sus blancas avenidas y sus canciones. | 35 | 4 |
HÚMEDA de rocío despierta la campana
En los azules cristalinos de la mañana,
Y por las viejas sendas van a las sementeras
Los tardos labradores, camino de las eras,
En tanto que su vuelo alza la cotovía
A la luna, espectral en el alba del día. | 37 | 6 |
Daqueyos quereles
no quió yo acordarme
porque me yora mi corasonsiyo
gotitas e sangre. | 32 | 4 |
No sabes cómo se llora
Con ese llanto que quema,
Con la noche y con la aurora,
Con ese sol que colora
En la frente un anatema. | 26 | 5 |
Quédate en mí, soy pobre y soy poeta,
huyó en mi blanco pegaso la fortuna,
y quiero oír tu alegre pandereta
cuando florezca la nieve de la luna... | 35 | 4 |
Cuando tu madre se sintiera desto,
Puedes decille que, como a muchacho
Loco, atrevido, vano, antojadizo,
No te queremos. | 17 | 4 |
¿Dices que mi figura no emociona?
¿Dices que mi boca es un buzón?
Tu indiferencia cruel me decepciona,
Eres un ser vacío y sin corazón. | 35 | 4 |
El venturoso Expósito en tanto
En vivas ansias del amor ardiendo,
Cada tarde al sepulcro de Zahira
Acude en busca de su amado dueño ;
Encuentra siempre el fúnebre recinto
Solo : sin fruto espera largo tiempo,
Y en vano corre las vecinas selvas,
Pues lo halla todo á su anhelar desierto.
Penetrar osa al cabo la muralla
D... | 29 | 64 |
En tu abanico, niña,
Quiero pintarte,
Por ver si tu retrato
Leda algun aire;
Pues no hay pintor .
Que dibuje con aire,
Gracia y primor, | 31 | 7 |
Mi saber no es para solo,
dadme plazo fasta el martes,
pues iremos donde ay las artes
que fablan, señor, del Polo.
Mas de tal saber ayuno
digo, sin acuerdo alguno,
que debemos todos ir
a vuestro mando complir,
señor, que non quede uno. | 20 | 9 |
Serenidad de piedra ante el abismo,
mármol en vilo de sollozo y luna,
columna de equilibrio en la ruina,
ala entreabierta. | 17 | 4 |
Vengan Santos milagrosos,
vengan todos en mi ayuda,
que la lengua se me añuda
y se me turba la vista;
pido a mi Dios que me asista
en esta ocasión tan ruda. | 39 | 6 |
¡Rey don Sancho, rey don Sancho,
no digas que no te aviso,
que de dentro de Zamora
un alevoso ha salido,
llámase Vellido Dolfos,
hijo de Dolfos Vellido;
cuatro traiciones ha hecho
y con esta serán cinco!
Si gran traidor fué el padre,
mayor traidor es el hijo.
Gritos dan en el real:
¡ A don Sancho han mal herido!
Muerto... | 28 | 21 |
El tercero gozo gusta
Quien mostró bien parecer
quiere bien,
que su gusto no disgusta,
Pues en cuanto debe hacer
hace bien. | 16 | 6 |
En la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.
¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está tu niña amarga? | 0 | 4 |
K e r i m a en vano el nombre de Mudarra
Negó á su labio con prudente esfuerzo.,
A l contar los festejos de la boda,
A l referir los lances del torneo ;
Pues las locuaces siervas que la asisten,
Y la vieja nodriza, repitiendo
Las voces que por Córdoba volaban.
Despedazaron su oprimido pecho.
Esta le ponderaba el entusi... | 29 | 133 |
»Del importe logrado
de tanto pollo mercaré un cochino;
con bellota, salvado,
berza, castaña engordará sin tino,
tanto, que puede ser que yo consiga
ver cómo se le arrastra la barriga. | 38 | 6 |
¿Qué es de Córdoba en el día,
Donde las ciencias hallaban
Noble asiento,
Do las artes á porfía
Por su gloria se afanaban
Y ornamento? | 16 | 6 |
Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar. | 35 | 4 |
Las cartas y mensajeros
del rey a Bernardo van,
que vaya luego a las cortes
para con él negociar.
No quiso ir allá Bernardo,
que mal recelado se ha.
Las cartas echó en el fuego,
los suyos mandó juntar;
desque los tuvo juntados,
comenzóles de hablar:
Cuatrocientos sois los míos,
los que coméis el mi pan;
nunca fuisteis ... | 28 | 100 |
Quita del arco la mortal saeta,
deja mi pecho que con fuerza heriste,
cuando la triste, la divina ninfa
me dominaba. | 17 | 4 |
Aladas sombras en la gracia intacta
del ocaso poblaron los senderos,
y contempló la luna, estupefacta,
el paso de los blancos mensajeros. | 35 | 4 |
RAMÓN se llama, auxilio necesario
con que Delio se esfuerza y ve rendidas
las obstinadas fuerzas del contrario. | 43 | 3 |
La torre de marfil tentó mi anhelo;
quise encerrarme dentro de mí mismo,
y tuve hambre de espacio y sed de cielo
desde las sombras de mi propio abismo. | 35 | 4 |
Pues, ¡sus!, encójase y entre
que es algo estrecho el camino.
No eches agua, Inés, al vino,
no se escandalice el vientre.
Echa de lo trasañejo,
porque con más gusto comas,
Dios te guarde, que así tomas,
como sabia mi consejo. | 4 | 8 |
Viendo la santa divina victoria
del furibundo convento siniestro:
¡Oh mías que bendito, divino Maestro!
dice mi lengua vulgar y notoria,
esta hazaña de tanta memoria
ya por un alta manera combida
ser el espada muy esclarecida
y digna de tan serenísima gloria
cuanto la hace tu mano temida. | 20 | 9 |
Mañanita de San Juan
por el prado de la aldea
a celebrarla se salen
pastores y zagalejas.
Bailándolas ellos vienen
con mil mudanzas y vueltas,
y cantando mil tonadas
del dulce amor vienen ellas.
Unos el suyo encarecen
en bien sentidas ternezas,
y otros con agudas chanzas
bulliciosos las alegran.
Los que son más en... | 28 | 141 |
Yo sé cuál el objeto
de tus suspiros es;
yo conozco la causa de tu dulce
secreta languidez. | 11 | 4 |
En sus brazos tomó mi ensueño
y lo arrulló como a un bebé...
Y te mató, triste y pequeño,
falto de luz, falto de fe... | 35 | 4 |
Ca no es hombre del mundo
que entre, ni sea osado,
en este centro profundo
y de gentes separado,
si no el infortunado
Céfalo, el que refujo,
y al qual Diana trujo
en el su monte sagrado. | 23 | 8 |
Carga después sobre la diestra mano
la ya rugosa y abrumada frente,
y un pensamiento fúnebre, tirano,
fija y domina, al parecer, su mente.
Borrarlo intenta en su ansiedad en vano;
vuelve a leer, y en tanto, que obediente
se somete su vista a su porfía
lánzase a otra región su fantasía. | 22 | 8 |
Antes que tú me moriré escondido;
en las entrañas ya
el hierro llevo con que abrió tu mano
la ancha herida mortal. | 11 | 4 |
«No tengamos tiempo ya
en esta vida mezquina
por tal modo,
que mi voluntad está
conforme con la divina
para todo;
y consiento en mi morir
con voluntad placentera,
clara y pura,
que querer hombre vivir
cuando Dios quiere que muera,
es locura. | 16 | 12 |
En el hospitá,
a mano erecha,
ayí tenía la mare e mi arma
la camita jecha. | 32 | 4 |
En el abrazo,
tú hilo, yo aguja:
cosemos luz... | 18 | 3 |
Sus sangrientos designios
en Puerto Real concierta:
se concibió allí en sombras,
y se abortó el hipócrita sistema. | 13 | 4 |
Por la leche que mamé,
me da vergüenza er mirarte,
y a ti te dará también. | 41 | 3 |
Dicen que enfermo estaba el león, con dolor:
los animales fueron a ver a su señor.
animose con ellos y sintiose mejor,
alegráronse todos demostrándole amor. | 8 | 4 |
Y él dijo: "Que te dejar
no tengo, si este cayado
y este mi rabel preciado,
con que tañer y cantar
me vías por este prado.
Al son de él, pastora mía,
te cantaba mis canciones,
contando tus perfecciones
y lo que de amor sentía
en dulces lamentaciones." | 6 | 10 |
Va mi pregunta sencilla,
Si estaba pensando en,
El verso y su maravilla,
Pero, ¿existe la quintilla,
De diez sílabas también? | 26 | 5 |
Sus muslos son begonias tibias; en su regazo
hay una indecisión de ensueños y de cosas…;
cuando adornan el cuerpo con su doliente abrazo
parece que en el alma se deshojan las rosas… | 35 | 4 |
No es raro en una almohada ver dos frentes
que maduran dos planes diferentes. | 7 | 2 |
Poco mas de mil pasos de la Albaida,
Acia poniente, entre árboles espesos,
Una rambla de arena se conserva.
Madre de claro arroyo en otro tiempo.
Ün solitario risco la corona,
De pardo musgo entapizado á trechos,
En torno hay hondas quiebras y barrancos,
Desnudas peñas y frondosos fresnos.
Allí la fuente del Amir estab... | 29 | 122 |
por Isabel que cree, por Cristóbal que sueña
y Velázquez que pinta y Cortés que domeña; | 7 | 2 |
Preciosa, llena de miedo,
entra en la casa que tiene,
más arriba de los pinos,
el cónsul de los ingleses.
Asustados por los gritos
tres carabineros vienen,
sus negras capas ceñidas
y los gorros en las sienes.
El inglés da a la gitana
un vaso de tibia leche,
y una copa de ginebra
que Preciosa no se bebe.
Y mientras c... | 28 | 19 |
y moros de Argel, piratas,
entre calas y recodos,
donde después salen todos,
tienen ocultas fragatas; | 27 | 4 |
Ven, noche amiga; ven, y con tu manto
mi amor encubre y la esperanza mía;
ven, y mi planta entre tus sombras guía
a ver de Clori el peregrino encanto; | 10 | 4 |
Quiero contarte
en la tierna mañana
con mi rocío | 18 | 3 |
Y tu caballo blanco, que miró el visionario,
pase. Y suene el divino clarín extraordinario.
Mi corazón será brasa de tu incensario. | 44 | 3 |
En estos tres la gala y el aviso
cifró cuanto de gusto en sí contienen,
como su ingenio y obras dan aviso. | 43 | 3 |
Tú me tiés á mi
como San Lorenzo;
achicharrao por un lao y otro
y siempre contento. | 32 | 4 |
Rindiendo sus dos luceros
hermosos, negros y graves,
con dulce imperio las vidas,
por feudo las libertades. | 0 | 4 |
¿Qué es lo que me tiene loca?
tu boca.
Tu ardiente piel de canela,
anhela
con prontitud y en porfía,
la mía
Con tu sagaz picardía
quiero que abrases mi piel,
sé que, de gotas de miel
tu boca anhela la mía. | 24 | 10 |
¡Theos, Sabaoth! me levanto diciendo,
y el ínclito nombre de Dios, ¡Elión!,
el cual invocado, la triste visión
bate sus alas con furia gimiendo.
Mi sacro Maestro me dice riendo:
Y cómo no miras las bestia que gime,
y cómo su cola no menos esgrime
por levantarse, lo tal no sufriendo
como tu lengua de nombres exprime! | 20 | 9 |
Si ellas salen a las nueve
con un manteo bordado
de entre el cambray delicado,
como unos copos de nieve; | 27 | 4 |
Retraída está la infanta,
bien así como solía,
viviendo muy descontenta
de la vida que tenía,
viendo que ya se pasaba
toda la flor de su vida,
y que el rey no la casaba,
ni tal cuidado tenía.
Entre sí estaba pensando
a quién se descubriría;
acordó llamar al rey
como otras veces solía,
por decirle su secreto
y la intenc... | 28 | 411 |
Dejemos a los troyanos,
que sus males no los vimos,
ni sus glorias;
dejemos a los romanos,
aunque oímos y leímos
sus historias;
no curemos de saber
lo de aquel siglo pasado,
qué fue de ello;
vengamos a lo de ayer,
que también es olvidado
como aquello. | 16 | 12 |
Y si algún vapor separa
de vos la cuestión que toco
avisad vos más un poco,
en esta arte fonda cara
que mi seso aquí compara
invenciones intricadas
metáforas tan delgadas
a otras gruesas tan infladas
por figuras trasformadas
que Dios le muestra y depara. | 12 | 11 |
Hay noches y días y madrugadas
también de desamparo
en que se cierran todos los balcones
que daban a la calle
—con cancelas de sombra
con aldabas de hierro—
y nadie escucha latir el corazón
de una ciudad enferma que agoniza
y nadie siente la herida del deseo
y nadie nadie nadie
transita por la huella de los b... | 45 | 11 |
En la rústica greña yace oculto
el áspid, del intonso prado ameno,
antes que del peinado jardín culto
en el lascivo, regalado seno;
en lo viril desata de su vulto
lo más dulce el Amor, de su veneno;
bébelo Galatea, y da otro paso
por apurarle la ponzoña al vaso. | 22 | 8 |
Teñido el cielo de amaranto y grana,
la brisa de la tarde entre las flores
suspirará también a los rigores
de tu amor triste y tu esperanza vana. | 10 | 4 |
A veces me digo con honda tristeza:
¿Vendrá a mí aún el hada bendita que huyó?...
Mi frente surcada, mi cana cabeza
y el fuego de mi alma que a helarse ya empieza,
responden con mudas palabras: ¡No! ¡No! | 25 | 5 |
Allí se fablaba del monte Parnaso
y de la famosa fuente de Gorgón,
y del alto vuelo que fizo Pegaso,
contando por orden toda su razón;
y todo el engaño que fizo Simón
allí se decía, como por ejemplo,
y de las serpientes vinientes al templo,
y cómo se vino el grande Ilión. | 2 | 8 |
El marido de la bella
que nos vende por fïel,
vistiéndose aquello, él,
que gana desnuda ella,
paciente sus labios sella,
buscándole ella por eso
entre dos plumas de hueso
una de oro en rica trenza | 21 | 8 |
Sépase, pues ya no puedo
levantarme ni caer,
que al menos puedo tener
perdido a Fortuna el miedo. | 27 | 4 |
El líquido cristal que hoy de esta fuente
admiras, caminante,
el mismo es de Helicona;
si pudieres, perdona
al paso un solo instante:
beberás (cultamente)
ondas que del Parnaso
a su Vega tradujo Garcilaso. | 21 | 8 |
Que si los mudos oyesen,
por hablar reventarían,
y tan bien, si ciegos fuesen,
las cosas que nunca viesen
ya no las desearían;
así que no sentirían
de los deseos cuidado
porque, cierto, no sabrían
desear, ni penarían
como yo peno, cuitado. | 12 | 11 |
Reina el silencia: fúlgidas en tanto,
luces de amor, purísimas estrellas,
de la noche feliz lámparas bellas,
Bordais con oro su enlutado manto. | 10 | 4 |
todo ansia, todo ardor, sensación pura
y vigor natural; y sin falsía,
y sin comedia y sin literatura...:
si hay un alma sincera, esa es la mía. | 35 | 4 |
Allí se tocaba del gentil Narciso,
allí de Medusa, allí de Perseo,
allí maltrataban la fija de Niso,
allí memoraban la lucha de Anteo,
allí de la muerte del niño Androgeo,
allí de Pasife el testo y la glosa,
allí recitaban la saña rabiosa
y la conmovida ira de Penteo. | 2 | 8 |
De Dios vos fue otorgada
La muy linda castidad,
La cual siempre fue hallada
En vos con gran honestad:
Hijadalgo bien criada,
Hermosa sin fealdad,
Vuestro soy siempre y seré. | 34 | 7 |
Tómanla por momentos parasismos;
no acierta a pronunciar, y si pronuncia,
absurdos hace y forma solecismos. | 43 | 3 |
Aquesta es la condición
de las mujeres comuna,
pero virtud las repuna,
que les consienta razón.
Así la parte mayor
muchas disponen seguir,
e tanto han mejor loor,
cuando el defecto mayor
ellas merecen venir. | 20 | 9 |
Grande rumor en esto, repentino,
Súbita confusión y roncas voces
Resonaron en torno, á Ñuño y Lara
De sobresalto, dudas y temores
Llenando á un tiempo. El ciego los oidos
Atento aplica : el otro se dispone
Las causas á inquirir, y gira y torna
Los ojos en rededor, y entrambos oyen
Moros.....morosl g r i t a r , y que s... | 29 | 57 |
Cuando vi que la dama estaba tan cambiada,
“querer si no me quieren —dije— es buena bobada,
contestar si no llaman es simpleza probada;
apártome también, si ella está retirada.” | 8 | 4 |
Las quales de que me vieron
e sintieron mis pisadas,
una a otra se bolvieron
bien como maravilladas.
"¡O ánimas afanadas,
(yo les dixe), que en España
nasgistes, si no me engaña
la fabla, o fuystes criadas! | 23 | 8 |
—¡Por fin nuestro amor concluye!
—dijo Zela— . Ya lo sabe
mi padre; y antes que acabe
contigo, Alí, presto le huye.
—¿Yo huir? —el negro arguye
—¿Yo estar, mi Zela, sin verte?
Ya que lo quiere la suerte
y mi estrella me amilana,
veré a tu padre mañana
y ante él me daré la muerte. | 14 | 10 |
Cuando le diga yo que sí,
dirá que no, contrario a mí. | 7 | 2 |
Fatigada del baile,
encendido el color, breve el aliento,
apoyada en mi brazo,
del salón se detuvo en un extremo. | 11 | 4 |
¡Sacra ceniza! repetí mil veces,
¡Sombra de Filis! si mi pecho adora
otra pastora, desde tan horrenda
lóbrega noche, | 17 | 4 |
Y todos cantos vagan,
de ti me van mil gracias refiriendo.
Y todos más me llagan,
y déjame muriendo
un no sé qué que quedan balbuciendo. | 19 | 5 |
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores. | 43 | 3 |
En los alambres
golondrina posada:
la del paisaje. | 18 | 3 |
¿Y Sevilla? ¿Y la ribera
Que el Betis fecundo baña
Tan florida?
Cada ciudad de éstas era
Columna en que estaba España
Sostenida. | 16 | 6 |
¿Me das, pues, tu asentimiento?
Consiento.
¿Complácesme de ese modo?
En todo.
Pues te velaré hasta el día.
Sí, Mejía
Páguete el cielo, Ana mía
satisfacción tan entera.
Porque me juzgues sincera,
consiento en todo, Mejía. | 24 | 10 |
Al hombre los trabajos
Lo hacen humilde;
Más las prosperidades
Siempre le engríen:
Pues la riqueza
Rara vez se separa
De la soberbia. | 31 | 7 |
Ya no canta el ruiseñor
cantor.
Sobre la faz de la tierra
tu guerra:
se abre el infinito cielo
en duelo.
Tiene nombre el desconsuelo
que me invade cada noche:
pesadillas. El reproche
del cantor, tu guerra en duelo. | 24 | 10 |
Cuatro Reales Coronas,
en tan maligna idea,
con traición seducidas
entran, sin advertirlo su inocencia. | 13 | 4 |
la morada que viste luto su puerta abra
al púrpureo y ardiente vibrar de tu palabra: | 7 | 2 |
A mí no convienen aquellos favores
de los vanos dioses, ni los invocar,
que vos, los poetas y los oradores
llamados al tiempo de vuestro exhortar;
que la justa causa me presta logar,
y maternal rabia me vuelve elocuente,
porque a ti, preclaro y varón esciente,
explique aquel hecho que puedas contar. | 2 | 8 |
Entonces... cuando el lucero
brillaba en el cielo santo
y los gallos con su canto
la madrugada anunciaban,
a la cocina rumbiaba
el gaucho... que era un encanto. | 39 | 6 |
Doncella, set vos la lanza
De Aquiles, que si me hería,
Prestamente convertía
La dolor en bienandanza.
Mi bien y mi contemplanza,
Si hirió con vuestra presencia,
No tarde vuestra clemencia
Con saludable esperanza. | 3 | 8 |
Al tocar esparcía
Aromas del rosal
De la Virgen María. | 42 | 3 |
Entre las montañas que alumbra la luna
traza un aquelarre su ronda nocturna,
y repercutiendo en las peñas abruptas
resuena en el aire el son de una música.
Al genio evocadas de humana locura
saltan de las fosas y dejan la tumba
Mitrídates, Safo, Cleopatra la impura,
Elena arrastrando la espléndida túnica,
la vil Mesali... | 29 | 15 |
Esa hermosa compañera
de Titón se demostraba,
y sus fustas las bogaba
en contra nuestra rivera;
y la más confina esfera
a los mortales sentía
la matinal alegría,
maguer fuese postrimera. | 3 | 8 |
Corazon gastado, mofa
De la mujer que corteja,
Y, hoy despreciándola, deja
La que ayer se le rindió.
Ni el porvenir temió nunca.
Ni recuerda en lo pasado
La mujer que ha abandonado,
Ni el dinero que perdió. | 23 | 8 |
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